Tuesday, April 03, 2007

NIÑOS DE LA GUERRA.

A Lam Acol poco le importa lo que piense usted , Lam es sudanés y desde el mismo día en que nació todo lo que le rodea es un desastre. Vive en un país que soporta la más larga guerra civil en el mundo que surgió después de la guerra fría, y si les dan tiempo, puede que de la historia; el ser humano ha demostrado adaptarse y sobrevivir a prácticamente cualquier situación hasta el día de hoy conocida, pero me voy a permitir intentar que usted se imagine, y sólo por unos momentos lo que significa tener 17 años en el Sudan.
Cuando conocí a Lam tenía dieciséis años corría el año 1999 y yo por aquellos tiempos era uno de esos cientos de voluntarios occidentales, que andábamos echando una mano, o al menos intentándolo por aquellas tierras africanas. Lam nació en Komgor (sur del Sudan) el mismo año de la ofensiva militar que la temporada seca siempre traía con puntualidad, la llevaba a cabo el gobierno sudanés. Komgor fue arrasado, en el sentido más objetivo y neutral de la palabra, los cientos de cabañas, la escuela, la iglesia y los proyectos así como las estaciones de trabajo de las Naciones Unidas, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja, y demás ONG fueron carbonizadas hasta la última astilla. No se tienen cifras exactas de la gente que fue asesinada o capturada en esclavitud, Lam era un bebe y eso le salvó, su madre echó a correr a través de la sabana con él en brazos, mientras los carros y las tropas del gobierno asaltaban las últimas posiciones del SPLA (Sudan people liberation army). Después para militares a caballo al servicio del gobierno acosaron a los supervivientes durante días, matando a todo varón mayor de diez años y a toda “hembra” menor de seis y mayor de quince años. Los desgraciados púberes capturados fueron atados en racimos a una cuerda y dirigidos hacia el norte, a los mercados de El Obeid o Jartum, su destino, la peor desgracia a la que se puede enfrentar aún hoy el ser humano, ser convertido en esclavo .Sólo unos pocos escaparon. Entre ellos la traumatizada madre de Lam que había perdido dos hijos y posiblemente a su marido, en las refriegas nocturnas que enfrentaron a los Baggaras (tribu del norte del Sudan que entre otras cosas está desde hace siglos especializada en la captura de esclavos) con los hombres armados que les defendían a lo largo de aquel trágico camino y que fueron cayendo uno a uno.
La madre de Lam llego a Bor donde se preparaba una zona en el campo de refugiados entre las fuerzas del SPLA locales y oficiales de la ONU, aquellos que habían escapado de los Baggaras y las hienas acogieron con alivio su nueva situación. Poco les duro, la acogida en los campos de refugiados se asemeja mucho a la de aquellos invitados que no son especialmente bienvenidos, en Bor ya había más de 45.000 refugiados y unos cientos más parecería insignificante pero la realidad es muy cruda y ante la extrema precariedad que todos padecían, se imponían los más fuertes y organizados en número y antiguedad en el campo, estos eran miembros de la tribu Dinka, la más comprometida en la lucha y la que más había perdido en ella.
Los Dinkas son una orgullosa tribu nilótica o de la cuenca del Nilo que por estar su territorio en plena frontera de la división geográfica que no política del Sudan, está continuamente expuesta a el arbitrio de la antigua y desconocida guerra. Los lideres tanto militares como políticos del Ejercito de Liberación del Sudan, son muy a menudo de esa etnia y su cercanía al enemigo les hace vivir en una constante lucha, que les ha traído innumerables sacrificios y todo tipo de penalidades. Pocos jóvenes y hombres están dispensados de la milicia, y los que lo están son ancianos y tullidos.
La infancia de Lam en el campo de Bor fue como la de otros miles de niños destinados a engrosar las filas del SPLA nunca más tarde de los 13 años, Lam pronto destacó por su facilidad para aprender, los oficiales pronto se percataron de ello, tuvo acceso a una educación primaria que le salvaba de las penurias de otros trabajos y que determinaría su futuro. Este pasaba por un adoctrinamiento feroz en las bases de la ideología maoísta e independentista, que postulaba el SPLA y su líder Jon Garang, a los 14 años Lam era un operador de radio de toda confianza y con rango sobre la tropa.
En 1999 la sequía que desde hacía un lustro castigaba el sur del Sudan provocó una critica situación para millones de personas, las organizaciones internacionales se volcaron, estableciendo líneas de suministro tanto terrestres como aéreas y presionaron para su seguridad al gobierno Sudanés en todos los ámbitos políticos y diplomáticos. Parecía como si la vida hubiera abandonado la tierra y solo el polvo y el viento acompañara a los cientos de miles de almas que deambulaban por la sabana, sin saber a donde ir. No existía nada vivo, y toda forma de vida desde las lagartijas a la última hoja verde de las Acacias habían desaparecido. El ganado que quedaba vivo era celosamente protegido por el SPLA para su propia existencia como fuerza de combate, y los esqueletos de cientos de miles de cabezas de ganado se agrupaban en los aledaños de las desecadas albercas.
El equipo de distribución del WFD (World Food Program) destinado
en la zona de Wat lo componíamos seis voluntarios europeos y dos norteamericanos, nos habían prevenido de la posibilidad del acoso a la zonas de distribución por parte de paramilitares. La unidad de enlace del SPLA era la de Lam y tuve la oportunidad de conocerle mientras preparábamos la zona donde la comida seria arrojada por los aviones de la ONU. Al principio algo tímidos con las horas los jóvenes soldados empezaron a relajarse con nosotros, los Co Aya (hombres blancos en árabe), yo era un simple operador de campo y usaba la radio continuamente dando coordenadas, la velocidad del viento y el estado del tiempo. Lam era muy eficaz con la radio y las claves que continuamente cambiaban tanto como los canales, para evitar el seguimiento de los escuchas del gobierno. En cinco días pretendíamos distribuir 700 toneladas de alimentos y material médico a más de 25.000 personas. Wat era el sitio elegido por ser el centro geográfico del banco oriental del Nilo y estar a más de 400 kilómetros de cualquier unidad militar del gobierno.
Las horas de descanso que teníamos por las noches agrupados entorno a las hogueras, nos permitía conocer mejor a aquellos muchachos, muchos ya no eran tan jóvenes, al menos su conversación y aptitud no era la de un hombre de dieciséis años. Hablando con Lam me percaté de que me encontraba delante de una persona que había conseguido trascender el sufrimiento, e incorporarlo a su existencia como la rutina de todos los días, y viendo en sus compañeros a su única familia, no esperaba más de la vida que compartir otra noche, unas bromas y una cena más, bajo el infinito cielo protector de la noche africana.
Continuara...